El señor Vicens, ex conseller de Ordenación del Territorio del Consell de Mallorca, es sospechoso de, entre otros delitos, estafa y falsedad documental. Aun así, UM mantiene la presunción de inocencia de su ex portavoz, quizás remojando las barbas por si acaso las investigaciones dejan en entredicho a algún otro dirigente de tan digna familia política.
Y eso, si nos damos cuenta, da que pensar. En unos meses hemos visto situaciones paralelas entre dos partidos que hasta hace poco eran socios de gobierno. Por una parte, el señor Matas desaparece de la vida política balear, dejando a su paso todo un rastro de ilegalidades llevadas a cabo por numerosos miembros de su equipo político. Aún hoy siguen apareciendo casos de corrupción, en diferentes ayuntamientos, en diferentes consellerías, y todo ello bajo el silencio absoluto de las bases de un partido tan arraigado en las islas.
Por otra parte, la salida de la primera línea de la señora Munar ha dejado también débiles las columnas del palacio de los corruptos en sus huestes. Han empezado a surgir, como el agua lo ha hecho este fin de semana de las fonts ufanes, como venidos de ninguna parte, casos de corrupción e irregularidades que nadie conocía, y que nadie quiere reconocer.
El gobierno actual en Baleares se ha quedado en minoría, y lo peor es que su oposición se encuentra en la misma situación. Recalificaciones, delitos varios, comisiones… El subsuelo de nuestra comunidad está lleno de pirañas políticas, que desvalijan nuestra ética y nos dejan a merced del pacto del día. UM es un barco pirata que, tras la marcha de la princesa de los mares, navega ahora en aguas revueltas, con desperfectos en sus velas y con el timón roto, a la espera de ser rescatado por algún golpe de suerte.